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Esta noche es tu oportunidad








Si te angustia ver en el espejo
ese tipo que no quieres ver,
si no te seduce hacerte viejo
con él,



si no quieres ser ese payaso
programado para obedecer,
el recluta que marcaba el paso
tan bien,



esta noche es tu oportunidad,
deja de volver la vista atrás,
esta noche es tu oportunidad
de ser tú.



Si no quieres ser la santa esposa,
harta de fregar y de coser,
deja de cavar tu propia fosa,
mujer,



si te aburre ser la margarita
que adorna el jardín de su chalet,
olvida que mañana tienes cita
con él,



esta noche es tu oportunidad,
deja de volver la vista atrás,
esta noche es tu oportunidad
de ser tú.



(Joaquín Sabina - Javier Gurruchaga - Javier Vargas)




El hombre puso nombre a los animales





El hombre puso nombre a los animales
con su bikini, con su bikini
El hombre puso nombre a los animales
con su bikini, qué mogollón.

Al cocodrilo le llamó "cocodrilo"
porque en el Nilo nadaba con estilo.
Al diplodocus le llamó "diplodocus"
porque ya entonces quedaban pocus.
Y al que en la selva rugía feroz
fue y le puso "león".

El hombre puso nombre a los animales
con su bikini, con su bikini
El hombre puso nombre a los animales
con su bikini, qué mogollón.

Vio un bicho nadando por el canal de Suez
y le puso "pez", ¡qué gilipollez!.
Vio un caballo alto que no usaba gafas
y, por supuesto, le puso "jirafa".
Y al de rabo largo, chiquito y matón
fue y le puso "ratón".

El hombre puso nombre a los animales
con su bikini, con su bikini
El hombre puso nombre a los animales
con su bikini, qué mogollón.

A las ladillas les puso "ladillas"
por lo que pican cuando las pillas.
Y al ornitorrinco le llamó "ornitorrinco"
porque no encontró un nombre más raro.
Y al que se adapta a cada situación
le puso "camaleón".

El hombre puso nombre a los animales
con su bikini, con su bikini
El hombre puso nombre a los animales
con su bikini, qué mogollón.

A un lagarto que iba para Barranquilla
le puso "caimán", se va el caimán.
A otro que ya no puede caminar
porque le faltan las patitas de atrás
le dijo: "cucaracha te vas a llamar".
Marihuana pá fumar.
  


Man Gave Names to All the Animals. Bob Dylan.

Man gave names to all the animals
in the beginning, in the beginning.
man gave names to all the animals
in the beginning, long time ago.
He saw an animal that liked to growl,
big furry paws and he liked to howl,
great big furry back and furry hair.
"ah, think i'll call it a bear."
Man gave names to all the animals
in the beginning, in the beginning.
man gave names to all the animals
in the beginning, long time ago.
He saw an animal up on a hill
chewing up so much grass until she was filled.
he saw milk comin' out but he didn't know how.
"ah, think i'll call it a cow."
Man gave names to all the animals
in the beginning, in the beginning.
man gave names to all the animals
in the beginning, long time ago.
He saw an animal that liked to snort,
horns on his head and they weren't too short.
it looked like there wasn't nothin' that he couldn't pull.
"ah, think i'll call it a bull."
Man gave names to all the animals
in the beginning, in the beginning.
man gave names to all the animals
in the beginning, long time ago.
He saw an animal leavin' a muddy trail,
real dirty face and a curly tail.
he wasn't too small and he wasn't too big.
"ah, think i'll call it a pig."

Man gave names to all the animals
in the beginning, in the beginning.
man gave names to all the animals
in the beginning, long time ago.
Next animal that he did meet
had wool on his back and hooves on his feet,
eating grass on a mountainside so steep.
"ah, think i'll call it a sheep."
Man gave names to all the animals
in the beginning, in the beginning.
man gave names to all the animals
in the beginning, long time ago.
He saw an animal as smooth as glass
slithering his way through the grass.
saw him disappear by a tree near a lake . . .

(Según Dylan y Sabina)




El hombre de la calle








El hombre de la calle, ese animal extraño
que habita en las ciudades y respeta las leyes,
que a través de la lluvia, la familia, los años,
nace, crece, trabaja, se reproduce y muere.

El hombre de la calle fue un niño desnutrido
de ojos como platos y piernas como alambres,
el hombre de la calle aún no ha conseguido
olvidar la amargura de los años del hambre.

A falta de una vida tiene algunas costumbres
como diques que opone a la desesperación;
del trabajo a la casa, la comida, la lumbre.
El hombre de la calle ya no cree en el amor.

Ya tiene el hombre todo lo que hay que tener,
mujer que le dé hijos y perro que le ladre.
La mujer de la casa se llama "su mujer".
El hombre de la calle se parece a mi padre.

El hombre de la calle va al cine y se conmueve
con las vidas ajenas de esos dioses paganos
amados dulcemente por hermosas mujeres,
eternamente jóvenes, sin callos en las manos.

La mujer de la casa suspira y plancha ropa,
hace años que el hombre no la besa al llegar,
se beben en silencio los recuerdos, la sopa,
no lloran porque nadie les enseñó a llorar.

Joaquín Sabina

 
 

El café de Nicanor


La noche que Guillermina
no contenta con la patria potestad
y el ático en Concha Espina,
quiso el Volvo en propiedad,
tirado en una cuneta
me desperté,
a dos leguas de El Café,
con una maleta al hombro
llena de escombros
y un bollo de pan de ayer.

“Le hemos echado de menos”
me dijo el bueno del barman que me sirvió,
vaso largo y con limón,
la misma copa de ron
que, el lunes va a hacer un año,
me dejé en el mostrador.

Después de pagar dos rondas
(tres, contando la del baño)
recuperé,
entre la condesa y Julio,
mi escaño de contertulio,
mi carné de fundador
de la mesa más redonda
de El Café de Nicanor.

Estaban Gámez el astronauta,
Gastón el flauta, Mari la tetas,
el novillero poeta con su mujer,
el pobre don Agapito
y un camellito sin dientes
paisano de un primo hermano
de algún pariente lejano
de Ana Belén.

Asociado en sociedad
con tales socios,
se pueden imaginar
que los amores van mal,
la salud ni fu ni fa
y no van bien los negocios.

Se nos sube a la cabeza
la espuma de una tristeza
crepuscular,
el óxido de los días,
las utopías con hielo,
el azul galimatías
del cielo según san Juan,
un calcetín con tomate
y el último disparate
de Nicanor,
que cuando le preguntaron
si había estado enamorado,
como es un hombre sincero,
yo, no señor -contestó-,
yo siempre fui camarero”.

Estaban Gámez el astronauta,
Gastón el flauta, Mari la tetas,
el novillero poeta con su mujer,
el pobre don Agapito
y un camellito sin dientes
sobrino de un primo hermano
de algún pariente asturiano
de Víctor Manuel.

Asociado en sociedad
con tales socios,
se pueden imaginar
que los amores van mal,
la salud mejor ni hablar
y no van bien los negocios.

Asociado en sociedad
con tales socios,
se pueden imaginar
que los amores van mal,
la salud Marichalar
y no van bien los negocios.


 Joaquín Sabina

Disco: Dímelo en la Calle (2002)




El Bronx de Fuencarral






Zas, un golpe seco en el portal
un puñal
un corazón color betún
sangre en la cola del autobús
baile de sombras en la pared.

Tres
vecinas en el culebrón
del balcón
mulata en bata boatiné.

Hay un eclipse de amor total
muere la luna del Bronx de Fuencarral.

Cuatro esquinitas para pecar
cuatro lolitas en la barra del bar;
mil y un secretos de confesión,
cuatro amuletos contra el dios de dios;
cuatro espejismos detrás del cristal
hay un eclipse en el Bronx de Fuencarral.

Son las nunca y cinco en el reloj
del billar
labios que miran de perfil,
ojos que besan la cicatriz
del alma en pena de la ciudad.

Pon
tu obscena huella dactilar
en la piel
sudada del amanecer.

La primavera no subirá
las escaleras del Bronx de Fuencarral.

Fiebre de ambulancias en el hospital
se desangra el cielo del Bronx de Fuencarral.




(Joaquín Sabina - Pancho Varona - Antonio García de Diego)



Dirección Granada







Hoy cruzó mi memoria otra vez
el gusano de seda de un tren,
tu falda al viento en el andén de una estación.



Tú eras hija del dueño del bar;
adivina quién era el chaval,
nariz contra el cristal, que te decía adiós.

Pasé durante cinco años
por tu misma vía
coleccionando desengaños,
nunca descendía.

Tu corazón con besos
de neón soñaba
viendo perderse aquel expreso
dirección Granada.

No llegó aquella historia a nacer,
iba a toda pastilla mi tren,
quién iba a suponer que eras una canción.

Y aunque nunca he sabido de ti
muchas noches no puedo dormir,
tu pelo hace cosquillas en mi imaginación.



Muchacha de los ojos tristes
y las manos frías,
los besos que jamás me diste
queman todavía
como un tizón mis huesos
cuando, por la almohada,
pasa el fantasma del expreso
de la madrugada.
Como un tizón mis huesos
y mi piel marcada
por los raíles del expreso
dirección Granada.

Muchacha de los ojos tristes
y las manos frías,
los besos que jamás me diste
queman todavía
como un tizón mis huesos
cuando, por la almohada,
pasa el fantasma del expreso
chucuchú, chucuchú,
tu imagen en mis huesos
llevo tatuada,
nuestra señora del expreso
dirección Granada.



(Joaquín Sabina)


Diez años ya, ... más cincuenta

Más de cuatro años después de su último concierto en solitario, Joaquín Sabina volvía a Valladolid a presentarnos su nuevo disco, probablemente en una de las salas menos adecuadas para ello. Sin embargo, ni el calor agobiante, ni las horas de pie, ni la pésima acústica, impidieron a un público numeroso y heterogéneo acercarse al auditorio de la Feria de Muestras a darle la bienvenida. Adultos que envidiaron su vida canalla, jóvenes que crecieron escuchando sus canciones, piratas cojos, conductores suicidas, chicas Almodóvar, acogieron al maestro como se merecía. Con un aplauso.

Sin hacer un solo desafinado con las cenizas de su voz, Joaquín Sabina abrió el concierto con Tiramisú de Limón, el primer single de su nuevo trabajo. Una vez roto el hielo nos gritó ¡Allors, enfants de la patrie! y con Viudita de Clicquot, nos repasó su propia vida. Después de dos temas de su último disco temimos una velada de Vinagre y Rosas, su último (y quizás peor) trabajo. Sin embargo, nos sorprendió gratamente cantando Ganas de…, de su disco Esta boca es mía, confirmándonos que sus mejores musas le abandonaron algunos años atrás. Pero el maestro sigue siendo un maestro y, si bien sus nuevas canciones han perdido la fuerza de antaño, sus poesías aún son capaces de emocionar al público. Así, nos regaló los oídos recitando uno de sus poemas adaptado a la ciudad de Valladolid, con una rima final un tanto forzada:






Uno escribe siempre la misma canción
sobre un niño con cara de viejo
que se atreve a volar bajo el cielo marrón
que agoniza detrás del espejo.

Uno inventa siempre la misma canción
del poeta borracho y su musa
del teclado mellado del acordeón
del pecado mortal sin excusas.

Uno canta siempre la misma canción
otra noche en el bar de la esquina
cerca de la estación donde duerme un vagón
cuando el tiempo amenaza rutina.

Uno rumia siempre la misma canción
como un perro ladrando a la luna
con la misma trompeta y el mismo trombón de mariachi
que no hizo fortuna.

Uno acaba nunca la misma canción
al compás de las vuvuzelas
luego llega la hora de alzarse el telón
y volver a cantar en Pucela.



...Y se quedó tan ancho. Y es que Sabina está mayor, pero no lo esconde. A sus cincuenta y diez años sabe envejecer con dignidad, aunque conserve la nostalgia de sus años mozos, como nos demostró cantando Medias Negras, Aves de Paso y Peor Para el Sol, todas canciones sobre amores fugaces, aventuras que vivió el muchacho que ya no es. Porque ahora, inmerso en una relación estable y una vida serena, le ha pasado lo peor que le podía ocurrir: es feliz.

Continuó el concierto recordando a su amiga Chavela Vargas cantando Por el boulevard de los sueños rotos, antes de ceder el micrófono al resto de su tripulación. Jaime Asúa intentó una versión de Llueve sobre mojado, que no sonó tan bien como en la voz de dos enemigos íntimos como son Sabina y Páez. Pancho Varona nos describió dignamente a cierto conductor suicida que dicen las malas lenguas pudo ser Manolo Tena. Y la nueva mujer de a bordo, Mara Barros, nos cantó con arte andaluz la introducción de la cruelmente sincera Y sin embargo, que sin embargo (valga la redundancia) no tiene punto de comparación con la dulzura de la voz rota de Olga Román, antigua compañera de conciertos de Sabina.


Una vez recuperado el micro, que no la voz, Sabina nos confesó lo que todos sospechábamos, que, sus musas, celosas su felicidad, habían decidido abandonarlo por otro (Fito Cabrales, según él). Así que, falto de inspiración y amargura en su vida, después de un encuentro fortuito con un amigo más “jodido” que él, decidió marcharse con él a Praga, a maldecir mujeres e intentar recuperar su arte. Aunque, a juzgar por los resultados, no le salió muy bien la jugada, volvió con Vinagre y Rosas bajo el brazo, y agradeció su ayuda a las musas checas dedicándoles Cristales de Bohemia, que nos cantó a continuación. Una canción para la Magdalena, interpretada por Mara y Sabina, conservó la ternura irreverente de siempre, y Peces de Ciudad sonó correcta pese a que no la cante Ana Belén. Embustera fue el último tema que nos regaló de su último trabajo, antes de volver a sus inicios con la mítica ¿Quién me ha robado el mes de abril?.

Intentó cerrar el concierto con la rockera Princesa, pero el público, a pesar del calor, no se conformó con eso. Aplaudimos hasta que regresaron, pero no fue Joaquín quien empezó a cantar sino Pancho Varona, versionando al piano Amor se llama el Juego, una de las canciones más amargas que ha compuesto y que Pancho supo cantar como se merecía. Volvió Sabina, y lo hizo con sendos valses concatenados la famosísima Y nos dieron las diez y Noches de Boda que en su álbum 19 días y 500 noches canta junto a Chavela Vargas.

Y volvió a marcharse, y volvimos a aplaudir hasta que lo trajimos de vuelta, pero no fue él quien recuperó el micrófono sino de nuevo Jaime Asúa cantando a su manera El caso de la rubia platino. Pero aún faltaban clásicos por sonar. Contigo, una de las declaraciones de amor más hermosas que he escuchado, y La del Pirata Cojo, su rock más famoso, cerraron el concierto, con Sabina haciendo un esfuerzo por recuperar la juventud que ya no tiene y la voz que perdió al borde del abismo.

No fue su mejor concierto, ni el mejor lugar para celebrarlo. Seguramente habría sido más acogedor un teatro con butacas a las que acudir en los momentos más tranquilos y mejor acústica para poder entender cada palabra de sus letras. Pero, a pesar todo, Sabina nos regaló todo lo que tenía, la energía que le quedaba, su voz rota, su experiencia. Y disfrutamos con el artista curtido que es, el canalla que ha sido y el mito que seguirá siendo, aún cuando ya no tenga voz para seguir cantando. Porque el de Úbeda tiene versos de poeta, pero alma de rockero. Y los rockeros envejecen, pero nunca mueren.


Diez años … y cincuenta más.….
Joaquín Sabina a sus cincuenta y diez años…

@ Feria de Muestras, Valladolid: 26/06/10